jueves, 4 de febrero de 2010

Carl Lewis, "El hijo del Viento"

No solo de fondo vive el atletismo, las pruebas de velocidad son sin duda una de las más vistas en cualquier competición deportiva de alto nivel. Son mucho más vistosas y tardan menos, y probablemente seasn las causas por las que llegan a un mayor público.

Sin duda, uno de los más grandes Velocistas de la historia es Carl Lewis, apodado el "Hijo del Viento". Destacó en tres modalidades atléticas, los 100, 200 y el salto de longitud. Nada hay que pueda emborronar su increíble palmarés. Fué campeón del mundo y olímpico. Y en sus manos tuvo el record mundial de los 100 y muy cerca anduvo del record del salto de longitud.

Se puede decir que no tenía una gran salida. Debido a su altura, más bien la tenía mala. Pero a partir de los 30-40 metros era sencillamente espectacular la plasticidad de su forma de correr, y la belleza de su zancada.

Su momento más recordado, quizás sea la frustración que expresaba su cara en la final de los 100m de Seúl 98, cuando era batido por Ben Jhonson, posteriormente descalificado por dopaje.

Impresionante también fué el mano a mano con Mike Powell en los mundiales del 91(Tokyo), con record del mundo incluido para Powell, con unos estratosféricos 8.95. Quizás sea la mejor competición de salto de altura de la historia.

En su haber figuran nada menos que 10 medallas olímpicas (9oros y una plata), y 8 Campeonatos del mundo, y sus mejores marcas personales son:

100 metros - 9,86   (1991)
200 metros - 19.75 (1983)
Longitud     - 8.87 (1995)

miércoles, 3 de febrero de 2010

Yo los conozco ...... Están completamente locos

¿Os sentís identificados?

Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los coches que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y en treparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo.
Están tratando de ganarle a alguien.
Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.
Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competición.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.
Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.
Son sus referencias de carrera: “Cinco que corren parecido a mí”.
Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.
Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.
No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.
No las preparan…son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más!
No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente porque no están bien.
Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice “Llegué -Tarea Cumplida”.
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.
Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10.
Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal.
-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.
-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.
Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.

martes, 2 de febrero de 2010

Estiramientos

Una parte fundamental del entrenamiento de todo corredor deberían ser los estiramientos. Hay varias razones para esto, la primera, como medida preventiva para no lesionarnos. Cuando entrenamos, los músculos sufren una sobrecarga por el esfuerzo al que los sometemos. La vuelta a la calma provoca que los músculos queden entumecidos y tensionado y al estirarlos conseguimos una mayor elasticidad y una mejor adaptación a futuros esfuerzos, a la vez que reducimos los riesgos de lesiones musculares, del tipo de sobrecargas, calambres y roturas fibrilares.

Por tanto, estirar es obligatorio. Es mejor reducir cinco minutos nuestra tirada diaria y estirar, que querer apurar un poco el tiempo de carrera y olvidarnos de los estiramientos.

Los estiramientos deben ser suaves y progresivos. No se trata de realizar una rutina de estiramientos para conseguir una mayos elasticidad, sino soltar músculos y descargarlos de las tensiones producidas en la carrera. El tiempo de estiramientos suele oscilar entre los 20" - 40" por músculo, haciendo al menos un par de repeticiones. Lo ideal es realizar una rutina completa, con estiramientos de espalda, abdomen, brazos, y piernas. Lo fundamental es centrarmos en los grupos musculares de las piernas, estirando cuadriceps, gemelos, inquitibiales, aductores, abductores, sóleo, femoral, cintilla iliotibial y planta del pie.

Un saludo a todos.